Bogotá para los Bogotanos
Días de vacaciones
El sol sureño
El sol norteño
Los años cuarenta en Colombia y Santa Fé
¿Bogotá qué?
Los soles del nuevo mundo
José Gutiérrez, el hombre que rescata libros de la basura para llenar de vida las bibliotecas de Colombia
José Alberto Gutiérrez cuenta que hace 14 años se hizo amigo de León Tolstoi cuando encontró un ejemplar de Ana Karenina en un ‘shut’ de basura en el barrio Bolivia de Bogotá. En ese entonces, él trabajaba como conductor de camiones de aseo en la ciudad y ese fue el primero de miles de libros que encontró a lo largo de su oficio.
“Hice el hallazgo más valioso, el tesoro más grande y después ya no me levantaba solamente a trabajar, sino que había otra cosa que me motivaba y era el encuentro con los libros”, dice José, quien desde entonces comenzó a recoger los libros que la gente botaba en buen estado y los donaba a espacios en los que hacían falta.
Durante la última semana de noviembre, él -por medio de su Fundación Fuerza de las Palabras- decidió hacer una donación de dos toneladas de libros a las bibliotecas de los hogares de paso para habitantes de calle Bakatá y Puente Aranda. La acción la hizo en coordinación con Sonia Parra y María Alejandra Jaimes, mediadoras territoriales de los Paraderos Paralibros Paraparques Santa Isabel y Ciudad Montes, más el apoyo de la Biblioteca Pública Néstor Forero Alcalá - Puente Aranda.
“Es importante esta iniciativa porque la lectura enriquece y para quienes están en una rutina de calle aquí tienen un espacio de silencio para meterse en cada historia del libro”, señala Xiomara Castiblanco, coordinadora del hogar de paso Puente Aranda.

Una segunda vida para los libros
Los bogotanos suelen botar libros nuevos, usados en buen estado y hasta empacados, según José. Entre los libros que más ha recogido se encuentra gran parte de la obra de Gabriel García Márquez con títulos como Crónica de una muerte anunciada o Cien Años de Soledad. También se destacan los diccionarios, libros de arte o El mundo de Sofía y El principito.
José explica que en su relación con los libros interfiere una ley de atracción. De niño, su mamá le leía en las noches las antologías de Álvaro Marín y recuerda textos como La gallinita roja, Pinocho o su favorita, Estaba el señor Don Gato. “Mi mamá me regaló la vocación de los libros e intuitivamente supe que ellos iban a ser mi salvación”, dice.
Él afianzó su hábito con la lectura cuando en su juventud le tocó trabajar cuidando una casa en el barrio Nicolás de Federmán y allí se encontró con una colección generosa de historietas. Después se interesó por otro tipo de literatura y compró la Odisea de Homero y allí comenzó su vocación por recolectar los libros que encontraba en su trabajo con el consorcio de basuras.
“Con el tiempo la casa se me llenó de libros. Tengo un familiar en Sumapaz y me dijo que estaba interesado en algunos libros. Los llevé para una casa campesina, un salón comunal y una escuela. Cuando volví, la comunidad me reclamó por llevarle libros a unas personas y a otras no. Entonces llevé más libros a otra escuelita y ya tenemos 14 años llevando libros por todo el país. Ha sido titánica la tarea, pero lo hemos logrado”, cuenta José.
En esos 14 años José ha visitado más de 600 lugares de Colombia donando libros. Entre sus travesías, la que más recuerda es su donación a una comunidad de 700 niños liderada por una misionera. También ha trabajado en dos proyectos con BibloRed. Uno de ellos fue hace ocho años y consistía en imaginar que la quebrada del barrio era el Niño Dios. De esa manera, la comunidad limpió la quebrada y del proyecto salió un libro en el que participaron 80 personas.
A pesar de que ya le cuesta más que antes seguir en su tarea, José hace un llamado a las personas que no le dan una vida útil a los libros: “Yo conozco estanterías llenas que las tienen de adorno, de puro caché. Quiero decirle a la gente que los libros así no sirven de nada. Los libros cerrados pierden la vida”.
Las personas de los hogares de paso agradecieron el gesto de la donación y empezaron a interactuar con los libros. Además, entre todos llegaron a un acuerdo tácito de cuidarlos y se comprometieron a promover la lectura con las y los demás compañeros de los hogares de paso.
Dominic, desde el vientre, usuario de la Biblioteca Pública Néstor Forero Alcalá - Puente Aranda
Después del registro civil y el acta de nacimiento, uno de los primeros documentos que Dominic tuvo fue su carné de afiliación a la Red Distrital de Bibliotecas Públicas de Bogotá. Podría decirse que su relación con la biblioteca viene desde la cuna, pero esta historia comienza antes, cuando aún estaba en el vientre de su madre Constanza.
De los 39 años que tiene la Biblioteca Pública Néstor Forero Alcalá - Puente Aranda, Dominic ha sido testigo de cada cosa que ha pasado allí durante los últimos 10, su edad actual. “Recuerdo a los tres o cuatro años que Lady me ponía en la mesa cuando venía. El trato con los niños ha sido bonito y natural. No necesitan regalarnos cosas para que nos quedemos, solamente necesitan abrirse con nosotros de manera familiar”, dice Dominic.
Lady Hernández es auxiliar de la biblioteca hace 14 años y recuerda que la madre de Dominic solía traer a Alison, su hija mayor. Cuando la niña tenía 8 años comenzó a asistir a los talleres y actividades. Un par de años después Constanza quedó embarazada de Dominic, pero seguía acompañando a su hija a este espacio.
“El niño siempre ha sido muy apegado a la biblioteca. La mamá siempre le ha inculcado mucho la lectura, pero él empezó a soltarse más o menos a los cinco añitos, comenzó a venir a los talleres y a pedir los libros”, recuerda Lady.

En la biblioteca, Dominic camina sereno y sabe dónde están los libros que le gustan, los espacios que más disfruta y casi siempre termina llevándose algún material para la casa. Su libro favorito es La casa de Narciso de Margaret Wild, que en sus palabras es “la historia de un gato naranja que todos los días está en la casa encerrado, pero una vez aprovecha y sale a conocer el mundo por una ventana abierta; luego se da cuenta de que es un poquito peligroso salir”.
Con su liderazgo, Dominic lleva compañeros de su colegio a la biblioteca y varios son usuarios frecuentes. Además, suele ser muy participativo en las actividades y siempre le lleva stickers a Laura Daza, la mediadora de lectura que lo conoce desde que trabaja allí hace más de cinco años. “Dominic tenía un amigo con el que se veían en el parque y le propuso que más bien se vieran en la biblioteca y después iban al parque. Ahora a su amigo le gusta venir más a la biblioteca y se amañan acá”, dice Constanza.
El trabajo para mantener los procesos en la biblioteca
Lady enfatiza que una de las razones por las cuales siguen asistiendo niños y niñas a lo largo de los años a la biblioteca es porque sienten el lugar como un espacio cercano y seguro. El caso de Dominic es apenas uno notable entre múltiples personas que comenzaron asistiendo de bebés y que ahora llevan a sus propios hijos o sobrinos.
Protagonistas de la huerta bibliotecaria
De las actividades que ofrece la biblioteca, la favorita de Dominic es el taller que se realiza cada fin de semana con la huerta. Una particularidad es que la mayoría de procesos de huertas bibliotecarias en BibloRed los lideran personas mayores, excepto en Puente Aranda, donde niñas y niños son protagonistas y han revitalizado este espacio.
“En un ejercicio voluntario ellos cogieron picas, palas y empezaron a intervenir el espacio. Eso hace que la huerta se convierta en una ecoaula, un escenario para transitar el ensayo y error por medio de la investigación. Pensaba que para que no se aburrieran era necesario trabajar con las nuevas tecnologías, pero aquí los niños y las niñas decidieron no utilizar ningún aparato electrónico, sino untarse con la tierra”, dice Laura.

También, la mediadora de lectura explica que para mantener la atención de los niños y las niñas en cada mediación es necesario ir más allá de la preparación metodológica. Por eso, Laura siempre está investigando y reflexionando sobre cuáles pueden ser esos detonantes que despierten la curiosidad en las infancias y usar un abanico de posibilidades artísticas, además de las prácticas de escritura o lectura.
En los ejercicios de mediación de lectura de Laura es clave el lema de “escucharse con los ojos”. Esto surgió por el reclamo de atención de Gregorio, un niño que participaba y pedía que lo escucharan mirándolo. Laura dice que este tipo de comunicación es otra manera de leernos a nosotros mismos y suplir la necesidad que tenemos de ser escuchados.
A partir de este lema, Laura aprende de cada menor que asiste a sus espacios. Así, de Dominic destaca que: “me ha enseñado que la ternura es revolucionaria, porque es un niño que no le teme a expresar sus sentimientos y sus formas de entender el mundo. Él es bastante tierno en un mundo hostil, tiene una manera muy poética de enfrentar el mundo y se cuestiona mucho”.
En su experiencia como usuario de la Biblioteca Pública Néstor Forero Alcalá - Puente Aranda, Dominic asegura que ha conocido 50 amigos y amigas allí y espera cultivar más amistades en ese espacio bibliotecario. De ellos destaca a Leandro, Juan Diego, Matías y Daniel y quiere acordarse de todos, varios de ellos llegaron a la biblioteca por una invitación suya.
Las bibliotecas desempeñan un papel fundamental en el desarrollo de las infancias, ya que proporcionan un entorno accesible y estimulante para explorar el mundo a través de los libros y las diferentes actividades. Además de fomentar el hábito de la lectura, también contribuyen a la imaginación, la creatividad y el pensamiento crítico desde edades tempranas. Así, en las bibliotecas públicas de BibloRed se trabaja para que los niños y niñas tengan oportunidades de acceder al conocimiento y desarrollar habilidades que los acompañarán a lo largo de su vida.
